martes, 27 de noviembre de 2007

Verdad, Libertad y Responsabilidad

Escribí este texto hace más de año y medio, he decidido dejarlo tal como estaba.

En nuestros días se proclama a todas voces el uso absoluto e independiente de la libertad individual, por encima de todo y de todos.

Se persigue y se alienta, sobre todo en los jóvenes, el ser “completamente libres” sin límites, inhibiciones ni responsabilidades con el único fin de la satisfacción propia.

Actualmente, la libertad es mal entendida como la posibilidad del hombre de elegir lo que prefiera, lo que le sea más conveniente en búsqueda de su propia satisfacción, sin importar las consecuencias negativas que pudiera tener dicha decisión para otros o incluso para sí mismo.

Tal concepto de libertad, desliga a la persona de las consecuencias de sus actos, importando únicamente lo que quiere para sí en el momento de actuar, sin pensar en su responsabilidad.

No obstante, la libertad no puede desvincularse de la responsabilidad. Al actuar de forma libre y voluntaria, el hombre es completamente responsable de sus actos y de las consecuencias de éstos.

Para poder actuar libremente, el hombre no debe ser sujeto de ningún tipo de condicionamiento que altere su voluntad. De este modo, la responsabilidad de una persona sobre una acción puede verse atenuada por ignorancia, desconocimiento, represión, violencia u otros que le impidan ejercer plenamente su libertad.

Así, la libertad no es una capacidad únicamente volitiva sino también racional, que depende del conocimiento de la verdad. Es a la luz de la verdad que el hombre puede actuar y ser libremente para encaminarse a su realización.

El responsable uso de la libertad posibilita al hombre optar por lo bueno y encaminarse hacia el bien, siendo el único y total responsable de sus actos.

Arequipa, 7/5/2006.

sábado, 10 de noviembre de 2007

Simón dice: ¿Obras son amores?


Está muy bien que la Municipalidad esté trabajando en la restauración de algunas de nuestras maltratadas pistas, como se viene haciendo con la Av. Parra - Alfonso Ugarte. No obstante, estas obras deben seguir una planificación y algún tipo de orden.

Primero, las obras en la Av. Parra durante varios meses dificultaron el tránsito en esa zona, obligando a los vehículos a desviarse por otras vías que no eran las ideales. El trayecto de toda la Av. Parra hasta la Av. Salaverry que normalmente dura 5 minutos se realizaba en 10 o más.
Afortunadamente, volvió la calma hace algunos meses con la reapertura de esta vía luciendo nuevo asfaltado.

Sin embargo, esta calma duró poco. Ahora empezaron las obras en la Av. Alfonso Ugarte, continuación de la Parra, desde el puente ?? hasta las instalaciones de Gloria. No es posible que se rompa la pista en todo el lado derecho (yendo desde el centro) y ninguno de los tramos esté concluido.

La situación no sería tan complicada si existiera una via alterna a esta avenida, pero no la hay. La única forma de llegar a Ferreyros, la UGEL - ¡ay! ¿por qué te mudaste ahí? -, Gloria, los colegios Sagrados Corazones, N. Señora de Lourdes y San José (este último tiene otra entrada por el parque industrial, pero solo es accesible para los que viven hacia el centro), entre otros. ¿El cuello de botella? El rompemuelles frente a la puerta de la UGEL norte, levantado para que los atentísimos profesores y burócratas de esa oficina no sean atropellados (si los colegios de esa avenida no necesitan rompemuelles, ¿los trabajadores de la UGEL sí?)

En horas punta (8 am, 3-4 pm), la congestión vehicular es asombrosa, por un lado puede llegar hasta el colegio de los Sagrados Corazones. Por el otro extremo es más espectacular, los carros pueden estar formados hasta en 4 filas
-¡¿por qué?! - debido a que el único tramo de la pista que está intacto es el que queda frente a la sede de Ferreyros y ahí los educadísimos choferes arequipeños hacen de las suyas, y aún así se las arreglan para llegar hasta el complejo deportivo de Cerro Verde.

Dada la imposibilidad para muchos de evitar esta vía es que, como ya dije, se debe trabajar de forma planificada e inteligente. Por ejemplo, no romper la pista en toda la avenida sino hacerlo por tramos. Otra sugerencia, haber retirado el mencionado rompemuelles para dar siquiera algo de fluidez al tránsito. Finalmente, trabajo en tres turnos; hoy más que nunca, los gobiernos locales y regionales tienen una cantidad enorme de recursos, que se aprovechen inteligentemente. La diferencia entre gestión privada y pública puede verse en este ejemplo, las obras de construcción de Plaza Vea en la Av. La Marina avanzan a ritmo constante y rápido; por el contrario, no se aprecia ningún avance en la Av. Alfonso Ugarte.

Ni siquiera quiero pensar que todavía falta iniciar las obras en el lado izquierdo de esta vía. Otros meses más de bocinazos, gritos y atolladeros.

Bueno, pero la foto que abre esta nota no fue tomada precisamente en esa vía, sino en la esquina de la última cuadra de la calle Bolívar con la Av. Juan de la Torre. Así es, el día sábado sin dar ningún aviso y sin ningún plan de contingencia - si lo hay, no se nota-, se cerró el lado derecho de la primera cuadra de esta avenida, congestionando una vía relativamente fluida. El problema se dificulta en la entrada a la Urbanización Campiña Paisajista, donde los vehículos que ingresan a la urbanización y sobre todo a la Universidad Católica San Pablo ya no vienen sólo en un sentido, sino en ambos.

De esta forma, no sólo se obstruye el tráfico sino que se complica aún más a los peatones que tenemos que hacer peripecias al tratar de cruzar la av. Juan de la Torre. Se intentó proteger a los peatones pintando de líneas de cruce peatonal y poniendo un cartelito amarillo con una persona caminando - apelando a la sensibilidad de los respetuosos choferes arequipeños.

PD: A la fecha de publicación de esta entrada, la Av. Juan de la Torre ha sido reabierta con una desacostumbrada celeridad. Sin embargo, las obras en la Av. Alfonso Ugarte aun tienen para rato...